(UNIV)._ Se trata de una paradoja. Por un decreto presidencial de Lázaro Cárdenas, los 40 mil yaquis o yoremes, como se hacen llamar, son dueños de 50 por ciento de las aguas de la Presa Álvaro Obregón que se sirve del Río Yaqui, pero carecen de agua potable; ni uno solo de los ocho pueblos gozan de este recurso natural.
Los padecimientos renales y de hepatitis son constantes por el consumo de agua insalubre; incluso, este líquido ha provocado en los últimos años cáncer en algunas mujeres de la etnia, acusa Tomás Rojo Valencia, vocero de la tribu, quien agrega que el agua que se consume proviene de los drenes de riegos agrícolas y está contaminada con agroquímicos y arsénico.
En 2010, el Gobernador Guillermo Padrés se comprometió a que ese año comenzarían los trabajos para que las comunidades yaquis tuvieran agua en sus hogares.
El Regidor de Guaymas, Martín García Espinoza, asegura que ese año se hicieron intentos por llevar agua potable a la cabecera Vícam y se invirtieron 160 millones de pesos en la instalación de la tubería, pero los trabajos nunca concluyeron y la población continúa sin el líquido en sus domicilios.
La única comunidad que cuenta con drenaje es Pótam, pero el sistema está colapsado, instalaron las tuberías también ese año, donde parte de la comunidad se conectó, pero no construyeron el cárcamo de bombeo, por lo cual las aguas negras afloran en las calles. El resto de las comunidades, incluyendo algunos habitantes de Pótam, tienen letrinas o fosas sépticas.
A la fecha, el Gobernador no se ha acercado con los integrantes de la etnia para abordar el tema porque "no tiene voluntad política ni la sensibilidad para atender esa demanda histórica, al contrario, nos está robando el agua", precisa el vocero de los yaquis, en referencia al Acueducto Independencia.
Por otra parte, en las comunidades yaquis los servicios básicos de salud son insuficientes, ya que sólo en Pótam y en Vícam hay un centro de atención; sin embargo, los cinco médicos generales trabajan de lunes a viernes por la mañana, sin servicio de urgencias en tardes y noches; los traslados en ambulancia de la Cruz Roja, para ser atendidos en centros de salud de Ciudad Obregón, les cuestan 600 pesos.
"Los yaquis no tenemos derecho a enfermarnos en fin de semana", comenta Martín García Espinoza, regidor del municipio de Guaymas, nacido en Pótam.
El Regidor propietario, presidente de la Comisión de los Pueblos Rurales e Indígenas, comenta el serio rezago que vive la etnia, y refiere que las autoridades no solucionan el problema con regalar una despensa; "urgen fuentes de empleo".
La mayoría de la etnia ha dejado sus actividades económicas tradicionales como la agricultura, la ganadería y la pesca; ahora son obreros de las maquiladoras de Empalme. Salen de sus casas a las 4:00 horas y regresan a las 17:00 horas, por 800 pesos semanales.
En pobreza extrema
El 90 por ciento de la tribu vive en pobreza, pero 60 por ciento alcanza el grado de pobreza extrema, dice el vocero.
"La tribu yaqui es una comunidad marginada, las oportunidades de empleo son carentes, los cultivos que están sembrando los inversionistas no generan mano de obra; una hectárea de trigo genera dos jornales por hectárea, eso es insuficiente, por eso salen a buscar oportunidades a los valles del Yaqui y de Guaymas-Empalme", expresa Rojo Valencia.
Comentó que la economía de los yaquis se ha ido agravando desde los primeros años de la década de los 90, cuando podían sembrar hasta 33 mil hectáreas, pero en 1994, 95 por ciento de los productores cayó en cartera vencida, en ese tiempo ascendía a los 17 millones de pesos, más lo que se acumuló por intereses a la fecha.
Tienen afectadas 8 mil hectáreas por intrusión salina y de las 18 mil hectáreas disponibles para cultivo 17 mil se encuentran rentadas; los yaquis han pasado de ser los dueños de la tierra a ganar jornales de 80 pesos, trabajando de sol a sol sus propias tierras.
La renta oscila entre 5 y 7 mil pesos por hectárea, por temporada.
Por la falta de agua, se han cancelado los segundos cultivos; prevalece la siembra de trigo, garbanzo, frijol, sorgo, alfalfa y tomatillo.
Rojo Valencia lamenta la crítica situación de la tribu, donde familias de hasta nueve integrantes sobreviven al día con 50 pesos, condición que constató un diario nacional durante un recorrido.
Sus casas están construidas de tramados de carrizo y lodo, duermen en petates de carrizos, cocinan con leña en hornillas colocadas afuera de sus casas y la mayoría cuenta sólo con fosa séptica.

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